agosto 19, 2026

Los apagones prolongados agravan vulnerabilidad de envejecientes

 Los apagones prolongados agravan vulnerabilidad de envejecientes

Para los envejecientes, especialmente aquellos que padecen enfermedades, tienen movilidad reducida o viven solos, un apagón prolongado no solo representa falta de electricidad: el calor, la oscuridad y la alteración de sus rutinas pueden afectar su descanso, alimentación y estabilidad emocional.

Así ocurrió en la calle Aníbal Sosa Ortiz, número cinco, del sector San Gerónimo, en el Distrito Nacional, donde una avería dejó a los residentes sin energía eléctrica durante unas 42 horas, desde el 3 de agosto hasta la llegada de brigadas de Edesur.

La empresa sustituyó el transformador averiado por otro de mayor capacidad, luego de la insistencia de la comunidad.

Una de las afectadas fue María Gladis Medina, de 98 años, quien usa silla de ruedas y padece trastorno neurocognitivo mayor o demencia senil desde hace 30 años.

Su cuidadora, Mari Gómez, de 27 años, explicó que antes de desarrollar la condición era muy activa, pero que el avance de la enfermedad ha limitado su rutina.

“A Medina le gusta mucho el merengue, habla mucho de su campo y del dictador Rafael Leónidas Trujillo. Al mediodía escucha una misa ya que es muy religiosa.

Luego almuerza, ve las noticias del día, hacemos pequeños ejercicios; a las tres de la tarde toma café y a las 6:30 de la tarde ya la estamos alistando para dormir”, cuenta Gómez.

Medina no advirtió inicialmente la falta de electricidad, pero la situación cambió al llegar la hora de dormir. Acostumbrada a usar aire acondicionado, se irritó por el calor, pidió mucha agua, intentó levantarse de la cama y tardó más de lo habitual en conciliar el sueño. “Pasamos una muy mala noche”, recordó la cuidadora.

Gómez ha aprendido a reconocer esos episodios como parte de la condición de Medina. Cuando la nota alterada, se retira por un momento y luego vuelve a hablarle; muchas veces, según cuenta, la anciana ya ha olvidado lo ocurrido.

Fallas eléctricas y otros testimonios 

El caso se produjo en un contexto de frecuentes fallas eléctricas. Entre enero de 2025 y junio de 2026, las empresas distribuidoras de electricidad registraron alrededor de 1.2 millones de averías.

Edesur reportó 342,455 en 2025 y 196,331 durante el primer semestre de 2026, para un total de 538,786: un promedio de 29,932 al mes y 987 al día.

 

La falta de electricidad también golpeó a quienes viven solos. Nelson Rafael Caffaro, de 83 años y residente en la zona desde hace más de 16, contó que durante el apagón le preocuparon el calor y no poder ver televisión. Para enfrentar la oscuridad usó un foco y abrió las ventanas de su vivienda.

Caffaro, quien perdió la visión de un ojo hace más de 40 años, tiene un pariente cerca que lo visita con frecuencia, aunque admite que la soledad le incomoda en ocasiones.

Se acostó tarde durante el apagón y, cuando regresó la electricidad, gritó: “por fin llegó la luz”. Además, se le dañó una carne que guardaba en la nevera.

Milagros del Carmen Reyes, de 62 años, también enfrentó dificultades para cuidar a su madre, Luisa Reyes, de 98, quien padece problemas en una rodilla, alzhéimer, pérdida ocasional del conocimiento, trombosis y presión alta. Tras la muerte de su esposo el año pasado, la anciana llora en ocasiones y todavía cree que él vive.

Milagros relató que, durante el apagón, su madre estuvo incómoda, rebelde y se quejaba constantemente, por lo que ella y sus hijos trataron de calmarla. “Luisa se entretiene viendo el televisor y este aparato electrónico se me dañó cuando el apagón”, agregó Milagros del Carmen.

También describió la rutina de su madre: “ella ingiere café con leche. Hasta ahora ella se baña sola. Luego toma su almuerzo en la tarde ella habla mucho de su familia y yo le hablo de la biblia. En la noche se acuesta temprano”, dice Milagros del Carmen.

Los testimonios muestran que una interrupción eléctrica prolongada, sumada al calor y la oscuridad, puede trastornar las rutinas y afectar el bienestar físico y emocional de los adultos mayores.