Las comunidades rurales mantienen el régimen de internado
Internados rurales: la única opción para estudiar en zonas remotas
En 13 comunidades rurales cerca de la frontera, decenas de niños solo pueden estudiar gracias al internado del Centro Vocacional San José, ubicado en la cuenca del río Joca, Elías Piña. Estos estudiantes llegan los lunes y regresan a casa los viernes, caminando o montando mulos y caballos por caminos difíciles que pueden durar hasta cuatro horas. Sin este internado, muchos no pasarían de tercer grado y tendrían que trabajar en el campo desde pequeños.
Aunque en la República Dominicana los internados escolares fueron comunes en el pasado, hoy casi desaparecieron en las ciudades por mejores carreteras y transporte. Sin embargo, en zonas pobres y alejadas, esta modalidad sigue siendo necesaria. Además del Centro Vocacional San José, existen otros internados gestionados por iglesias que atienden a niños huérfanos o en situación vulnerable.
El Centro Vocacional San José abrió en 2017 para brindar educación desde primaria hasta secundaria a 92 niños y jóvenes, la mayoría varones. El internado no solo enseña materias básicas, sino también hábitos de convivencia y cuidados personales, ya que muchos estudiantes vienen de hogares sin servicios básicos como agua potable o hospitales. Según el director José Sainz, el internado es indispensable porque los niños no podrían ir y volver a casa todos los días.
Existen experiencias similares en otras zonas rurales como el Centro Educativo Vocacional Aventura en San Juan de la Maguana, que atiende a 44 niños, y el Instituto Técnico de Estudios Superiores en Medio Ambiente y Recursos Naturales (Itesmarena) en Jarabacoa, que ofrece formación técnica con alojamiento. Estas instituciones enfrentan retos como el transporte y la infraestructura, pero han logrado mejorar la educación y reducir problemas sociales como el embarazo adolescente.
En el pasado, colegios como Inmaculada Concepción y La Salle tenían internados para estudiantes de distintas provincias. Hoy, aunque la mayoría ya no funciona como internado, algunas universidades mantienen residencias para alumnos con necesidades económicas. En general, el internado sigue siendo una herramienta clave para que niños y jóvenes de zonas alejadas puedan estudiar y tener un futuro mejor.