Pogacar presiona al UAE para que le deje disputar el domingo el campeonato de Europa tras la fractura de clavícula en la Vuelta
No ha pasado ni un mes desde que se rompiera la clavícula izquierda, un 29 de agosto en La Vuelta, unas vacaciones fugaces para los trabajadores mortales, pero una eternidad para Tadej Pogacar, hormigas permanentes en las piernas, tanto deseo y tanto tiempo sin ponerse un dorsal, sin competir, sin ganar. El UAE, su equipo, y su entrenador, Javier Sola, le dicen que paciencia, que se olvide de correr este año, que piense en enero y en regresar a las carreras en Australia calurosa, en el agradable y disputado Tour Down Under. Lo intentan calmar porque temen que acelerar el regreso, acortar plazos al proceso de recuperación, es peligroso siempre, pero no acaban de conseguirlo. Y la impaciencia por volver del campeón que tuvo que ver por la tele como Brandon McNulty, su gregario amigo, ganaba en Montreal el derecho a vestir el arcoiris que ha sido suyo los dos últimos años, la acrecienta el hecho de que el próximo domingo, 4 de octubre, se dispute en Liubliana, la capital de su Eslovenia, el campeonato de Europa, una carrera que también disputaría con el dorsal número uno, como campeón saliente.